Artículo de Nani Navarro, concejala de Bienestar Social
Hoy, 8 de marzo, salimos a la calle por respeto a todas las mujeres que nos precedieron y que jamás pudieron disfrutar de los derechos y avances que hoy defendemos. Salimos también por quienes vienen detrás, para que ninguna vuelva a vivir las situaciones de desigualdad, violencia o silencio que sufrieron nuestras antecesoras. Y salimos para recordarle a la sociedad que nada está garantizado: avanzar cuesta, pero retroceder es terriblemente fácil. Las frases bonitas sin compromiso no sirven de nada.
En estos tiempos vemos cómo algunos grupos políticos utilizan el feminismo como arma arrojadiza, lo vacían de contenido o lo manipulan para presentarse como víctimas. Son estrategias que se alejan por completo de los valores democráticos, progresistas, igualitarios y corresponsables que sostienen la lucha feminista. Resulta incoherente proclamarse defensor o defensora de las mujeres mientras se vota en contra de leyes que garantizan derechos fundamentales: el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, el matrimonio igualitario, la adopción sin discriminación, la igualdad salarial o la igualdad de oportunidades laborales. No se puede defender a las mujeres negando los derechos que les pertenecen y las protegen.
Tampoco se puede hablar de mujeres empoderadas, luchadoras y feministas mientras se abre la puerta, se blanquea o se legitima a fuerzas políticas que niegan la violencia machista, que cuestionan la igualdad y que atacan abiertamente los avances logrados. Eso no es neutralidad: es incoherencia deliberada, manipulación descarada y falsedad calculada
Cada día vemos cómo personas con poder instrumentalizan la igualdad, la convierten en un eslogan vacío mientras promueven retrocesos reales. Observamos cómo crecen entre parte de la juventud nuevas formas de control, posesión y humillación hacia las mujeres a través de redes sociales e Internet. Surgen canales de acoso que antes no existían, y eso nos recuerda que no podemos bajar la guardia. Cuando se pierden derechos, quienes más pierden son las mujeres: nuestras madres, hijas, parejas, hermanas, amigas. ¿Quién no tiene una mujer cercana cuyo derecho legítimo a vivir en igualdad se ve afectado cuando retrocedemos?
Aun así, confío profundamente en la juventud y en esta sociedad. Confío en su capacidad para reconocer la desigualdad, para cuestionar lo injusto y para defender un futuro más libre y más igualitario.
El 8M no es un día de celebración vacía. Es un recordatorio de que la igualdad se defiende cada día, en cada espacio y frente a cada intento de retroceso. Y es, sobre todo, un compromiso con todas las mujeres: las que abrieron camino, las que seguimos luchando y las que aún no han llegado.

